Ayer, con motivo del Día Mundial contra la Violencia de Género, desde el PSE-EE de Álava organizamos una jornada muy especial para denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo y, concretamente, en Vitoria-Gasteiz, el País Vasco y España; y, como no podía ser de otra manera, tratar de concienciar a toda la sociedad de las situaciones que se generan a raíz de la misma, ya sea en la familia, allegados y/o amistades, como en la propia comunidad social en la que residen dichas mujeres.

Concretamente, y como decía al inicio del post, mi compañera Rosa Fresno Asensio –Secretaria de Igualdad de los socialistas alaveses– planificó un cine fórum en el que la película “Volar” fue la “estrella”. Un film, dirigido por Bertha Gaztelumendi, en el que nueve mujeres con un pasado de violencia de género relatan en primera persona sus experiencias y su recorrido vital.

En este sentido, quisiera manifestar mi profunda admiración para las protagonistas de la película y, muy especialmente, para las protagonistas con las que compartimos el acto.

Como les comenté, su valor nos da fuerza y nos provoca.

Nos da fuerza para pelear por la libertad.

Nos provoca para hacer todo lo necesario en la erradicación de la violencia de género.

La violencia contra las mujeres no nace espontáneamente. No nace en una circunstancia concreta.

Nace en la estructura de una sociedad en la que anidaron y se cultivaron, en la que anidan y se cultivan, teorías y comportamientos machistas, racistas, clasistas, en la que existen hombres que se consideran superiores a la mujer y dueños de su destino, incluyendo el sometimiento, la violación, la violencia, el miedo, el terror, y también el asesinato.

Vivimos en un profundo y arraigado problema cultural, que precisa de un cambio radical, que ya lo hemos iniciado y que lo debemos ganar.

En la sociedad universal en la que habitamos nadie está limitado por su origen, raza o sexo.

Sí hay quien está limitado por su deficiente o equivocada educación; y sí hay quien está limitado por su peligrosa comprensión de para qué está dotado de carácter y fuerza.

Y frente a esto no hay excusas ni titubeos.

Tampoco hay tiempo que perder.

Nos queda mucho por hacer. Desde la política, desde las instituciones y desde la sociedad.

La primera obligación de los Gobiernos es la de garantizar la existencia, la integridad física de sus ciudadanas y ciudadanos. Después vienen todos los demás derechos, pero sin ese los demás pierden su sentido.

El compromiso socialista con las mujeres que sufren la violencia machista es incondicional.

Sin libertad plena para las mujeres no habrá libertad plena para la humanidad.

Las mujeres no hemos venido al mundo para ser complemento de nadie.

Tampoco para ser mano de obra barata.

Ni para ser máquinas reproductoras.

No hemos venido a ser segunda opción de nada o nadie.

Ni lo hemos hecho para encargarnos de tares prefijadas por los hombres.

No hemos venido a sacrificarnos por nada en especial.

No hemos venido a ser sumisas, a obedecer, o a callar.

No hemos venido a que nos insulten ni a que nos peguen.

No hemos venido a que nos maltraten y nos maten.

Hemos venido a ser felices, a disfrutar de la vida, a compartirla en igualdad entre todas y todos.

Y por eso tenemos que decir alto y claro una vez más, y las que hagan falta, que ningún hombre es lo bastante bueno, fuerte, poderoso o iluminado, para gobernarnos sin nuestro consentimiento.

La libertad con la que vivamos siempre será proporcional a la igualdad en la que nos eduquemos.

Gracias compañeras protagonistas, gracias a todos y todas por hacer causa común con la igualdad.