Otra polémica surge en relación con la Denominación de Origen Rioja. Polémica que más tiene que ver con una reivindicación política nacionalista que con una mejor promoción de la calidad de nuestros vinos y por tanto de su reconocimiento y extensión en el mercado.

Esta cansina vuelta de tuerca retomada por el PNV para hacer frente a la torpeza de Bildu de una denominación de viñedos de Álava, se materializa al día siguiente de la celebración de las elecciones autonómicas.

Los socialistas siempre hemos defendido la permanencia en la Denominación de Origen Calificada Rioja. ¿Por qué? Porque es la mejor tarjeta de presentación de nuestros vinos, eso lo sabe el Partido Nacionalista Vasco, de ahí su falta de apuesta por viñedos de Álava.

Es cierto que, tras la liberalización de la plantación del viñedo, hemos seguido una política de defensa de las diferenciaciones dentro de la denominación como mecanismo de mejor promoción de los vinos y defensa de los productores en zonas que no podían crecer más en cantidad, por sus limitaciones geográficas, pero sí lo podían y debían hacer en calidad.

También los socialistas defendemos que la Diputación Foral de Álava esté presente en el Consejo Regulador, porque se da la paradoja que las competencias en cuanto a la producción residen en la Diputación Foral de Álava, mientras que las competencias en la elaboración y promoción las tiene el Gobierno Vasco. Esta diferencia en relación con el resto de gobiernos que forman parte de la denominación, hace que se produzca un desajuste, ya que el miembro que representa a Rioja Alavesa sólo es el Gobierno Vasco quedando fuera la representación de institución competente en la producción. Algo que se puede y debe corregir.

Sin embargo, lo que ahora propone el PNV no es una denominación diferenciada, lo que propone es un nuevo Consejo Regulador de Rioja Alavesa con capacidad plena de gestión, aunque manteniendo el nombre de Rioja porque sabe que es una marca de referencia.

En España, hay distintas denominaciones de origen, diferentes espacios donde se establecen normas de cultivo y elaboración que permiten mejorar la calidad de sus caldos, promocionarlos y hacer que los productores y bodegas adscritas a ellas sigan un camino común para alcanzar el éxito. Los consejos reguladores controlan la calidad, supervisan el viñedo y las elaboraciones, etiquetan y promocionan.

Si lo que pretendemos es crear un nuevo Consejo, aunque eso sí dentro del de Rioja, se me ocurren varias preguntas. ¿La idea es fijar diferentes normas a seguir en una misma añada de las que fije el Consejo Regulador de Rioja?, ¿los productores y bodegas tendrán que pasar dos controles diferentes en cuanto a la calidad de sus caldos?, ¿se podrá pasar el control de uno y ser descalificado por otro?, ¿habrá que pagar a los dos Consejos reguladores?, ¿cómo estarán representadas las bodegas dentro del nuevo consejo, se mantendrá el mismo esquema que el actual o cambiará?

Son muchas las dudas y los riesgos para una polémica ficticia generada desde la política nacionalista. El sector lo que está pidiendo en este momento es que se pueda asegurar su cosecha frente al mildiu, algo que hemos trasladado al Ministerio y que ya se está tratando. Que se apoye y proteja la agricultura ecológica. Que se garantice la venta de la cosecha a un precio digno. Que se mejoren las infraestructuras para que sea más fácil trabajar sus tierras. Que se promocione el vino y el turismo en la zona.

Y para todo esto no se necesita un nuevo consejo regulador,
se necesita un trabajo más intenso 
dentro del Consejo Regulador Rioja y en las instituciones vascas, 
algo en lo que estamos comprometidos los socialistas.