Señoras y señores, amigos y amigas.

El Territorio Histórico de Álava es industria, es comercio, es investigación, es deporte, es cultura, es agricultura.

El Territorio Histórico de Álava es un embajador en el Mundo que acude a muchas recepciones. Acude a las mejores porque tiene un sitio en ellas.

El Territorio Histórico de Álava viaja con sus excelentes vehículos, con sus seguras ruedas, y con las imprescindibles alas de aviones. Seduce con los caldos de Rioja y con el Txacoli. Arregla todo lo arreglable con la biotecnología, se lo hacemos a reyes, tenistas y a otro tipo de artistas. Entretiene con las mejores barajas. Acristala todo lo que se le ponga por delante. Nos lleva al más allá con cuarto milenio. Nos saca el humor protagonizando ocho apellidos vascos. Nos hace campeones intratables y envidiables en el baloncesto. Dulces con las trufas. Salados con Añana. Ecologistas con los humedales. Transformamos aire en energía con la mejor tecnología. Acogemos en excelentes museos, a quienes buscan lo mejor del arte. Enseñamos un casco medieval con una Catedral que al tiempo que se restaura exporta conocimiento y nuevas técnicas restauradoras a creyentes y laicos. Sorprendemos con nuestra gastronomía, tenemos el reconocimiento de los grandes chefs del universo. Haciendo tubos somos redondos.

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Y además Vitoria-Gasteiz es la capital de Euskadi.

Alguien cree que con esta pequeña porción de tarjetas, de ese gran tarjetero de potencialidad alavesa, hacia dentro y hacia fuera, hay razones para que Álava siga jugando a ser pequeña.

Pues sí. Hay alguien que lo cree, que lo ha practicado, y que si por el fuera lo seguiría practicando.

Estoy describiendo al Partido Popular, lo hago desde la objetividad, también desde el dolor, porque no me recreo en el desastre pero sobre todo desde la ilusión que produce saber que esto llega a su fin. Que no hay mal que cien años dure. Y que este desastre ahora lo podemos arreglar.

Y en esto estoy ocupada en liderar otra personalidad para mi Territorio. En estimular que nos sintamos importantes, porque ya hacemos cosas importantes.

Señoras y señores, Álava lleva demasiado tiempo instalada en tres grandes problemas.

Un problema de actitudes políticas.

Otro de contenidos.

Un tercero de resultados.

La legislatura que ya termina ha sido un desastre de actitudes, contenidos y resultados. Una legislatura que ha demostrado que la derecha no sabe gestionar lo público, si por público entendemos atender el interés de todos y no solo de una parte. Un tiempo perdido, en el periodo de tiempo que más había que aprovecharlo.

Y mi oferta política como candidata a Diputada General va a consistir justamente en otra actitud, otros contenidos y otros resultados.

Para gobernar, no para ocupar un gobierno, sino para ejercer la acción de gobierno, es imprescindible tener ambición de gobernar. Y tener ambición de gobernar es tener ambición de construir. Para que valen los programas si no se buscan las mayorías. Una ambición que solo es posible materializar sabiendo sumar para lograr obtener mayorías, y para ofrecer lo mejor a la ciudadanía que representamos.

Algunos alaveses con mando en plaza han usado su responsabilidad temporal, para que el Territorio Histórico de Álava siga siendo pequeña, incluso para que retroceda, o para instalarla en el victimismo.

Hacer política en el Territorio Histórico de Álava no es estar todas las semanas utilizando las ruedas de prensa del Consejo de Gobierno, para mostrar debilidad, para magnificar el aislamiento, para quejarse de lo mal que nos trata el Gobierno Vasco, o para tapar el abandono del Gobierno de España.

Hacer política es saber gestionar gobiernos sin mayoría. Es tener voluntad de buscar acuerdos.

Hacer política es tejer complicidades con otras Instituciones.

Hacer política es sacar proyectos, es presionar a otros Gobiernos para que te tengan en cuenta, es ofrecer iniciativas incontestables.

Hacer política en una Institución como la Diputación Foral de Álava, es saber trabajar con todo el potencial de la administración y liderar propuestas, en vez de estar arrastrado un día y otro por las iniciativas de la oposición.

Hacer política es devolver a la política prestigio, eficacia, utilidad.

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Lo que viene sucediendo en el Territorio Histórico de Álava en esta legislatura es inexplicable.

Es inexplicable, que no se hayan buscado alianzas para sacar adelante los presupuestos; que en plena crisis, esto ha ocurrido el año pasado, no se supiera en que gastar 14 millones de euros; que retrocedamos en solidaridad y convivencia con las políticas sociales; que el tramo de Tren de Alta Velocidad Vitoria-Burgos, siga en el olvido; que se quiera reabrir Garoña; o que se renuncie a la potencialidad del aeropuerto de Foronda. Y que todo esto conviva con 27.000 desempleados.

En política el respeto no se reivindica, se trabaja, se consigue y se protege.

Y este es mi primer compromiso, dar un giro de 180 grados a la actitud del PP, inyectar a la política compromisos de progreso que cuenten con la complicidad de la ciudadanía, que sean defendidos por quienes más mueven la opinión publica, que nos doten de orgullo como alaveses, buscando una Álava con más y mejores servicios y con más y mejores oportunidades.

Una Álava donde las ideologías rivalicemos en las cosas que nos diferencian, pero donde no rivalicemos por todo y en todo momento.

Percibo un hartazgo en buena parte de la ciudadanía que afirma que en el Territorio Histórico de Álava se usa la política para machacar a quien tiene ideas y propuestas, y no para perseguir objetivos y alcanzar resultados. Percibo un hartazgo y con razón de quienes afirman que la política en Álava tiene un exceso de confrontación.

En el Territorio Histórico de Álava lleva tiempo instalado un catetismo que solo aspira a quejarse y a compararse, a autoagraviarse, y a que todo siga igual.

El problema de Álava no puede ser el de compararse con el crecimiento de los demás, sino el de definir cuanto queremos crecer y mejorar y el de saber que estamos dispuestos a hacer para conseguirlo.

Y los socialistas estamos dispuestos a hacer mucho, como así nos avala nuestra historia. Tenemos balance, mucho trabajo a nuestras espaldas, no necesitamos improvisar, ni experimentar con la ciudadanía. No surgimos de la nada, ni somos una moda. En nuestro programa hemos incorporado un resumido balance de actividad que así lo pone de manifiesto, y que queremos que forme parte de las garantías que ofertamos de saber hacer, en un tiempo en el que la ciudadanía ha aumentado su exigencia con quienes estamos en política.

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Álava no es ni un territorio pequeño, ni uno grande; ni tiene pocos habitantes, ni tiene muchos. El Territorio Histórico de Álava es una realidad, cargada de pluralidad, de gran diversidad, una pluralidad y diversidad, que hay que saber gestionar. El Territorio de Álava es mejorable si nos lo proponemos una mayoría y yo quiero con mi partido y con el apoyo que nos de la ciudadanía, formar parte de esa mayoría, porque consiguiéndolo es cuando seremos respetados en Euskadi y en España.

Despejada mi actitud, entro en los contenidos.

Empleo, energía y políticas sociales.

De aquí cuelga todo lo que se define como igualdad, bienestar o calidad de vida.

Si la crisis es el motor de la desigualdad, no creo que nadie pueda negar que el motor de la economía sea la igualdad. Y que para que se produzca economía para la igualdad, el papel público es imprescindible.

Entremos en harina.

Empleo público y privado, los dos, los dos suficientemente relacionados con la política. Yo no bajare impuestos, los mantendré. A mí no me sobrará dinero a final de año, lo invertiré antes. Usare los impuestos para hacer inversiones públicas, para mantener y mejorar carreteras, para seguir desarrollando la ley de dependencia, para facilitar inversiones productivas, para ayudar a la exportación, para enseñar Álava, para tratar los residuos energéticos. Hay muchos espacios para invertir, para mover el empleo, el consumo, la economía, y para que se haga mayoritariamente con empresas alavesas.

Quiero que la política sume con los emprendedores, con los inversores, con la iniciativa privada que quiera crear y generar riqueza y empleo.

Quiero desarrollar programas de nueva oportunidad para autónomos.

Quiero que Vitoria-Gasteiz sea capital internacional del vino, del vino de calidad, frente al de cantidad.

Quiero desarrollar un plan comercial, cultural, de ocio, en el que el Territorio Histórico de Álava este Activa por Acogida, en muchos momentos del año.

Quiero avanzar en un sector rural inteligente aumentando la aplicación de nuevas tecnologías.

Quiero ayudar más a las mujeres emprendedoras.

Quiero que nuestra capacidad logística casi infinita, sea más demandada.

Quiero impulsar un plan energético, en el que la ciudadanía participe porque tiene derecho. Un plan que pueda decir no a alguna energía, pero donde tenga que decir si a las demás para garantizar su suministro.

La energía debe ser compatible con el medio ambiente, con la seguridad, con la salud y también con el compromiso de crearla en el lugar donde la necesitamos de acuerdo a nuestras posibilidades.

Los socialistas decimos no a la nuclear y al fracking. Pero no hacemos del no un punto de partida y un punto de llegada. La energía no puede estar en manos del oportunismo. Y por eso nos comprometemos a alternar el no con el sí. Decimos sí a la solar, a la eólica y a otras energías renovables.

El Territorio Histórico de Álava tiene que aprobar definitivamente un mapa de ubicación de instalaciones energéticas.

En ese futuro plan de energía, hay un enorme potencial de innovación, investigación y desarrollo, un enorme potencial en empleo, en desarrollo económico, en recursos públicos.

En ese plan además tiene que haber esperanza y seguridad para quienes sufren la pobreza energética. Y también oportunidad para el ahorro energético.

Y por eso anuncio que estoy y estaré en el liderazgo de ese plan, en plano de igualdad con quienes quieran sumar, y en plano de confrontación con quienes apuesten solo por la parálisis y el caos.

Quiero más y mejor política social. Quiero más y mejor solidaridad y convivencia. Se puede y se debe conseguir. La política social no es un esfuerzo económico de la sociedad que como tal exige un férreo control. Eso es la gestión de la política social, que también es muy importante.

La cantidad y la calidad, que cada sociedad crea, de política social, es el barómetro de nuestra dignidad, igualdad, solidaridad y convivencia. Y con esto no se juega. Y a los que con esto juegan hay que ponerles fuera de juego.

La política social, no es un gasto, es una inversión en justicia social, en corrección de las desigualdades que crea la economía de libre mercado, en salud, en seguridad ciudadana, y en creación de oportunidades.

Oportunidades para salir de la marginación, de la desesperación y del abandono.

Una sociedad decente no abandona a los que lo pierden todo, a los que son diferentes, a los que no se pueden valer por sí mismo.

De estas convicciones, mi compromiso con liderar otra relación con el tercer sector. Un sector que ha sido muy mal tratado por la derecha. Yo quiero comprometerme con la estabilidad de ese sector. Un sector al que habrá que pedir resultados, pero al que antes habrá que darle medios en función de los objetivos.

Quiero extender mi compromiso, con el establecimiento de un circuito por el que se pueda demostrar como la inversión en política social tiene retorno en empleo y en mejora de la economía.

Las actitudes políticas y los contenidos programáticos, deben arrojar resultados, y esos resultados, en lo que se refiere a la política socialista, quiero que sean evaluados y controlados por la ciudadanía.

De ahí mi compromiso con una agenda abierta, consultable y medible, que contraste los compromisos con sus realizaciones.

También mi compromiso con la valoración económica de las propuestas que hacemos para que sean realizables y para que no generen a medio y largo plazo una gran frustración entre sus destinatarios.

Los excesos del capitalismo especulativo nos han hecho mucho daño, el populismo, el prometer lo imposible, el anunciar recuperaciones milagrosas, está empezando a ser el siguiente engaño.

La política necesita realismo, precisión, medición. Es hoy más necesaria que nunca la evaluación de resultados, la rendición de cuentas con cierta periodicidad.

La transparencia en la política es mucho más que la presentación de las declaraciones de renta, de quienes ejercemos la política. Por cierto en nuestro contrato programa llevamos el compromiso de inspecciones fiscales a los cargos públicos para dar seguridad a la ciudadanía, de que nadie pueda aprovecharse de su cargo.

La transparencia en la política es sobre todo honestidad con la ideología y programa que representas, y cumplimiento con el contrato adquirido con quienes te votan.

Señoras y señores en política no hay ni salud, ni dinero, ni amor. Hay actitudes, contenidos y resultados.

Muchas gracias.

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