Un ciudadano que estuvo en varios campos de concentración dejó escrita una frase muy ilustrativa ¨SUERTE ES LO QUE A UNO NO LE TOCA PADECER¨.

La mayoría de nosotros y nosotras hemos tenido la suerte de nacer o de desarrollarnos en libertad, en democracia, y quizás a ello le podamos llamar suerte.

Una suerte que durante muchas décadas en el País Vasco no ha sido completa por la acción terrorista de ETA, y que ahora estamos en tiempo de superación.

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Pero la suerte de la libertad y la democracia no tiene vida por sí misma, y tampoco se garantiza por qué se cite en los tratados y constituciones.

La libertad y la democracia se garantizan por la acción de las personas, por sus valores, por sus convicciones éticas, por sus comportamientos de respeto a los derechos, a los propios y a los de las demás personas.

Y porque la suerte de la libertad y la democracia para que exista hay que practicarla, defenderla y protegerla, estas exposiciones, estos recuerdos, deben servir para mejorar la conciencia sobre los derechos fundamentales de las personas, empezando por el derecho a la vida y continuando por todos los demás.

Para dolor de nuestra conciencia y como espejo de nuestra incapacidad para vivir y convivir en el mundo, todos los días se suceden atentados, asesinatos, y campos de concentración.

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Campos de concentración que se instalan y se mantienen con conceptos modernos, con actuaciones diferentes a las de hace 80 años, que se hacen por gobiernos democráticos y por dictadores, pero que se siguen haciendo, y que suponen el mismo horror, matizado a veces por el cinismo más absoluto.

Más cerca de lo que parece, en la Europa del progreso, hay campos de refugiados, en los que las personas lejos de estar refugiadas, están concentradas y aisladas, padeciendo sucesos de violencia de distinta intensidad, pero que en todos los casos están desposeídas de su dignidad, de sus derechos como personas. Lamentablemente deberemos reconocer que a fecha de hoy esta situación no parece avergonzarnos, ni golpearnos en exceso en nuestras conciencias, porque como ocurre en la realidad, nada o casi nada estamos haciendo por evitarlo.

Al tiempo que inauguramos esta exposición que rebosa conciencia, interés y oportunidad, muchas personas sufren el fuego cruzado de combatientes y francotiradores, sobreviven escondidas, muchas mujeres son violadas y muchas personas indefensas asesinadas.

Recordar los malos episodios de nuestra historia tiene dos enseñanzas. La de mostrar el camino de la libertad y la de evitar repetir lo peor del pasado.

Los supervivientes de Auschwitz, que regresaron a él en el 70 aniversario de su liberación, dijeron ¨ESTAMOS AQUÍ PARA EVITAR QUE EL HORROR QUE NOSOTROS VIVIMOS SE REPITA¨.

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Estemos alerta siempre, en Europa están aumentando los nostálgicos del nazismo, la extrema derecha, la intolerancia, el odio al diferente y al que no piensa como tú.

Esta exposición sobre los campos de concentración franquistas en Álava, en Nanclares de la Oca, 1940 y 1947, se enmarca en un programa de subvenciones de la Diputación Foral de Álava en materia de derechos humanos y memoria histórica, que los socialistas hemos impulsado a través de la Fundación Ramón Rubial.

Mi felicitación por el trabajo realizado y que sirva para recordar, para entretener, pero sobre todo para evitar, para no repetir, tanta barbaridad.

Trabajemos todos los días la suerte de la libertad y la democracia.