Ya por la tarde tocaba volver a la campaña, en este caso en la Agrupación de Ribera Baja en Rivabellosa.

Un domingo a la tarde, entre cafés, tertulia política amigable. Entre las explicaciones de los motivos para presentarme a liderar la organización en Álava, surgen los análisis de cómo está el partido, de por qué hemos llegado a esta situación de desapego de nuestros votantes, dónde nos hemos equivocado, cuáles fueron las decisiones más erróneas, los dimes y diretes de las gentes del partido… y, casi sin darnos cuenta, empezamos a hablar de los problemas del pueblo: que ha subido el paro, que en las contrataciones del Talgo no han cogido a los parados y jóvenes de Rivabellosa, que el contrato para el alumbrado no se ha hecho bien… que los órdenes del día del ayuntamiento se tiene que explicar ante la agrupación por los concejales y que entre todos se adopta la posición más más adecuada para el pueblo y nuestro partido.

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A la noche, releo la prensa. Me quedo con dos apuntes:

“El acuerdo de listas conjuntas de los representantes a dichos Congresos se fundamenta en la demanda de los militantes de que el Partido Socialista de Álava debe trabajar unido y cohesionado para que la sociedad alavesa se sienta identificada con el socialismo, como referente de la izquierda, de los progresistas y de los que apuestan por la convivencia”.

“Pero su reto será recuperar el pulso del partido, reunir e ilusionar a su militancia y seducir a un electorado hoy por hoy menguante”.

Perfecto, acepto el reto.

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