Esta tarde he compartido espacio con Julia Liberal, nuestra primera candidata al Senado, y con Ángeles Álvarez -Secretaria de Igualdad y Diversidad de la Federación Socialista Madrileña-.

Y en este encuentro, he querido señalar que la libertad, la igualdad y la fraternidad fueron el lema de la República francesa; un lema que nace del movimiento cultural e intelectual, creado sobre todo en Inglaterra y Francia a finales del XVII, y fraguado posteriormente en los siglos XVIII y XIX.

El siglo de las luces resolvió que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía, para construir un mundo mejor.

Desde entonces hemos evolucionado, hemos avanzado, hemos alcanzado ese estatus de personas con derechos, pero todavía lejos de la libertad y la igualdad.

Hoy la ignorancia, la superstición y la tiranía tienen otras definiciones. Hoy se llama populismo, especulación, insolidaridad.

Tres siglos después en nuestra sociedad y en las sociedades que nos rodean, de manera diferente, pero con la misma determinación, necesitamos seguir trabajando por la libertad y la igualdad.

Porque hoy en nuestra sociedad y en las que nos rodean, hay bolsas de pobreza, espacios sin convivencia y una deficiente justicia social.

Y los socialistas queremos igualdad porque no queremos subordinación.

Queremos igualdad porque necesitamos tolerancia.

Queremos igualdad porque combatimos el despotismo.

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Queremos igualdad porque es una condición indispensable para que todos rindamos cuentas de la misma manera, sin que importe la raza, género o credo.

Alguien sentencio alguna vez que todos los seres nacen iguales, pero es la última vez que lo son.

Los Socialistas no hacemos nuestra esta sentencia y a la oportunidad de cada día le brindamos la oportunidad de la igualdad con nuestro trabajo.

Estamos en vísperas de unas elecciones convocadas por quienes han negado el cambio hacia la igualdad en la España más desigual de los últimos 30 años.

Esa España que Rajoy ha roto socialmente hasta donde ha podido, y a la que Iglesias ha negado el cambio.

Pero esta negación es a la vez una nueva oportunidad para que el cambio llegue definitivamente y sin intermediarios, y para ello hemos contado con dos protagonistas del cambio y de la igualdad.