Gracias por participar en este Comité Provincial en estas circunstancias tan difíciles que nos van dejando noticias tan tristes como el reciente fallecimiento de quien fue Secretario General del Partido Socialista de Álava, el compañero Ángel Gavilán.

La pandemia sigue marcando la agenda política en lo sanitario, económico, social e institucional.

La pandemia desgraciadamente ha pasado de ser una crisis sanitaria a ser una crisis social y política de considerable magnitud.

Desde que tuvimos conocimiento de ella hasta hoy están sucediendo muchas cosas sobre las que merece reflexionar para apuntalar convicciones, acompañar decisiones y enfrentarnos de la mejor manera a sus peligros.

Recordaré que la pandemia estalló con nuestro Partido al frente del Gobierno de España, por tanto, con la obligación de tomar las primeras medidas y así lo hicimos.

Nuestro Presidente del Gobierno y Secretario General frente al titubeo observado en otros países, tuvo el coraje y la capacidad de decisión para llevarnos a un confinamiento con alto riesgo económico, con importante controversia social y con las lógicas incomprensiones de aquellos a quienes las medidas más negativamente les podían afectar.

Reducir la capacidad productiva a los servicios esenciales, limitar la movilidad y gestionar los escasos recursos de protección entonces existentes fue muy duro.

Pedro Sánchez lo tuvo claro, primero era la salud y el derecho a la vida y después todo lo demás.

La primera función del Estado hacia sus ciudadanos es la de garantizar su seguridad, su integridad y así se hizo.

  • Podemos y debemos sentir orgullo de ello más allá de las consecuencias que de aquella decisión se derivan.
  • Podemos y debemos sentir orgullo por haber doblegado la extensión de la pandemia de la primera ola.
  • Por haber construido un escudo social para atender a las personas más afectadas y necesitadas económicamente.
  • Por haber gestionado el suministro de equipos de protección para el personal sanitario y para la población.
  • Por haber liderado la consecución de recursos europeos.
  • Por haber protegido el empleo, por mejorar los equipamientos sanitarios para atender a las personas más vulnerables y a las situaciones más graves.
  • Por participar activamente en la investigación de una vacuna que nos permita salir de esta grave crisis.
  • Podemos y debemos sentir orgullo de quienes formaron parte de los servicios esenciales y asumieron riesgos por su despliegue de responsabilidad y solidaridad.

Esta valoración del primer plan de choque nos trae hasta la situación actual. Una situación en la que muchas cosas han cambiado y no para bien.

El número de afectados por el virus se ha multiplicado exponencialmente.

El sistema sanitario vuelve a estar al borde del colapso en muchos lugares.

El índice de mortalidad sigue siendo altísimo.

La entonación de Resistiré y los aplausos han sido sustituidos en muchos casos por botellón, las fiestas multitudinarias y las reuniones sociales sin control ni precaución.

La salida del Estado de Alarma y la desescalada, recuperando las Comunidades Autónomas la dirección política sobre la pandemia, ha dado resultados muy desiguales y escasamente eficaces.

La presión política de la derecha tratando de criminalizar al Gobierno de España de todo lo sucedido y negándole cualquier posibilidad de entendimiento, ha generado en buena parte de la sociedad hastío y rechazo hacia la política.

En otras palabras, la crisis sanitaria es también una crisis institucional, política, económica y social.

Una crisis política por el comportamiento del Partido Popular, un Partido instalado en la obstrucción, en el cuanto peor mejor, ocupado en el acoso y soñando con el derribo del Gobierno.

Si algo ha fallado entre la primera ola de la pandemia y la situación actual es el comportamiento irresponsable y mezquino del Partido Popular.

Su permanente negativa a comportarse como un Partido de Estado, su interés por negar el apoyo al mando único tan necesario para un virus que no distingue entre territorios, ni entre formas institucionales de organización.

Esa irresponsabilidad y mezquindad se mantiene hoy y por eso son los únicos que quieren impedir soluciones homogéneas, políticas de Estado, escondiéndose tras interpretaciones de legalidad o de modificación de leyes, que solo contribuyen a la extensión de la pandemia por la dificultad y lentitud que imprimen en la toma de algunas decisiones.

La moción de censura de VOX más allá de su inviabilidad, es el fruto de un escenario de confrontación muy abonado por la derecha que hace que el más kamikaze sea quien dé el paso, pero que sin duda le da cobertura el Partido Popular.

Partido Popular que en su debate da un paso atrás ante el dantesco debate público, pero que nadie se despiste, que lo hace después de haber ayudado con su posición política, a toda suerte de insultos y descalificaciones al Gobierno, incluido el calificativo de criminal.

La falta de corresponsabilidad del Partido Popular con las medidas a tomar ante la pandemia, la permanente negación de encuentro y acuerdo con el Gobierno de España, la utilización de las Instituciones en las que gobierna, muy especialmente en Madrid, han tenido mucho que ver en la presentación de esta moción de censura, y lo que es peor, han tenido mucho que ver en la expansión del virus.

La frase acuñada por Ayuso, de no podemos sacrificar al noventa y nueve por ciento de la población frente al uno por ciento, resume bien la estrategia destructora del Partido Popular, y define bien su catadura moral.

Resulta curioso a la vez que muy grotesco que hoy sea más fácil poner de acuerdo a los independentistas con el Gobierno de España, en cuanto a medidas generales a tomar frente a la pandemia, que al Partido Popular.

Hasta Ciudadanos que inició esta legislatura con una cruzada contra el Gobierno Sánchez ha tenido que replantearse su estrategia porque ya le resultaba imposible seguir la senda del Partido Popular.

En estos meses también ha cambiado el sentido de la responsabilidad y la solidaridad de una parte significativa de la ciudadanía.

No es exagerado hablar de cierto fracaso social. Está demostrado que la extensión de la pandemia obedece sobre todo a la mala gestión de las relaciones sociales.

Muchas fiestas clandestinas, otras excedidas en sus aforos, multitudinarias reuniones familiares o de amigos, donde se han vulnerado las medidas sanitarias, también nos han traído hasta aquí.

Desde la política se pueden disponer hospitales, personal sanitario, coberturas para mantener empleo, medios económicos para los más desfavorecidos o herramientas de protección personal.

Pero la política no pone o quita mascarillas a sus ciudadanos, o les lava las manos, o les garantiza la distancia social, esto solo lo podemos hacer cada uno de nosotros y nosotras, y cuando no es así los contagios se disparan.

Ha pasado y pasa en España, en Italia, Bélgica, Francia o Alemania, y por eso hoy volvemos a estar ante confinamientos y toques de queda, ante cierres o limitaciones a determinados negocios y con ello ante un recrudecimiento de la crisis económica, y ante un horizonte muy negro especialmente en lo sanitario para los próximos meses.

Hace pocas semanas nos hacíamos muchas preguntas sobre por qué en España aumentaban los contagios y en los países europeos de nuestro alrededor no.

La respuesta ya la conocemos, la diferencia en los ritmos de contagios está directamente asociada a la relajación ciudadana, a la pérdida de respeto al contagio, al aparente menor riesgo percibido por los datos de los asintomáticos.

Hoy toda Europa tiene los mismos problemas en la medida en la que se ha querido volver a la normalidad sin que esto fuera posible.

Los socialistas en este panorama debemos ser muy tenaces en la exigencia de corresponsabilidad política de todas las fuerzas políticas, también en lo que Pedro Sánchez definía el viernes como disciplina social.

Con este panorama volver al Estado de Alarma es una necesidad para actuar en todos los lugares con criterios similares, para dar cobertura legal a las decisiones que se van tomando en cada Comunidad Autónoma y para dar seguridad a la ciudadanía.

Limitar la movilidad, reducir su horario y ámbito geográfico, limitar y reducir los encuentros sociales, se hacía necesario para enfrentarse al crecimiento desmedido de contagios.

Compañeros y compañeras, en Euskadi, los efectos de la pandemia nos están diciendo muchas cosas, quizás más que en otros lugares, desde el punto de vista de nuestra capacidad institucional y competencial y por lo tanto de nuestra responsabilidad política y social.

La sanidad, la educación, los servicios sociales, la obtención de recursos públicos forman parte de esas competencias, y por eso es aquí donde vamos a tener que apostar por nuevas políticas para nuevos problemas, desde la nueva cobertura que nos facilita el Estado de Alarma.

El Gobierno Vasco ya ha iniciado su andadura. La mayoría absoluta que hemos conformado nacionalistas y socialistas en el Gobierno de coalición nos da margen para tomar decisiones y nos aumenta la responsabilidad para que las tomemos.

En estos meses hemos visto desbordados nuestros recursos públicos para atender la sanidad. Para atender adecuadamente a las personas usuarias de residencias. Para garantizar la educación telemática. Para acompañar mejor en sus dificultades y necesidades a los trabajadores, a los autónomos y a los empresarios.

En estos meses se ha cuestionado algunos aspectos de nuestra movilidad, de nuestro sistema de transporte en cuanto a sus aforos y seguridad.

En estos meses están operando cambios en la sociedad en la manera de trabajar, de consumir, de acceder a la cultura, de relacionarnos, de protegernos ante las adversidades.

En estos meses se están produciendo reflexiones, cambios y expectativas sobre la vivienda, el deporte, la forma de hacer eventos, la corresponsabilidad con el medio ambiente, el ocio y otras muchas cosas más que nos emplazan a investigar, debatir y decidir, respecto a cómo queremos vivir en el futuro más inmediato y en el siguiente.

No se trata de replantearnos todo, es imposible a la vez que innecesario, pero si hay muchas cosas que ya han iniciado su transformación y sobre las que tenemos que influir, porque ninguna de ellas estará exenta de las diferencias ideológicas y programáticas de una sociedad plural.

El papel de lo público, el peso de lo público, las coberturas y garantías públicas de los derechos y de la atención social, hoy han cobrado más importancia y actualidad que nunca, y esto también es una oportunidad y un reto para las políticas de igualdad y justicia social que proponemos y defendemos los socialistas.

Junto a todo ello la política fiscal en toda su extensión exige una buena revisión y unas cuantas nuevas medidas.

Si la mayoría ciudadana quiere más y mejores servicios, más y mejores prestaciones sociales, más inversiones públicas, más medios en la lucha contra el cambio climático o mayor apuesta por las energías limpias, necesitamos otra fiscalidad.

Una fiscalidad en la que todos paguemos más y más proporcionalmente a lo que tenemos. En la que paguemos todos. En la que se combata con más medios y mejores resultados la lucha contra el fraude fiscal.

Ahora disponemos de seguridad jurídica desde el Estado de Alarma y además tenemos la mayoría de las competencias y recursos necesarios para atender y detener la pandemia.

El foco sobre el tratamiento y evolución de la pandemia ahora sí recae en lo operativo íntegramente en el Gobierno de Coalición del que formamos parte y no podemos fallar.

A la cobertura legal del Estado de Alarma vamos a tener que acompañar medidas y medios complementarios porque la extensión del virus nos está desbordando los márgenes de contención.

Compañeros y compañeras, en Álava tenemos encendidas unas cuantas alarmas de considerable dimensión.

  • La situación del sector del tubo, del aeronáutico, de la hostelería o el comercio, son solo cuatro referencias de muchas que están con el agua al cuello.
  • La ponencia aprobada en el Parlamento Vasco la semana pasada para abordar con los agentes institucionales, económicos, sociales y sindicales, la situación socioeconómica y las medidas a tomar en la Comarca de Aiala y de cuatro localidades vizcaínas unidas geográficamente, es un indicador de que los problemas se acumulan y crecen y necesitamos políticas de choque y superación.
  • Entramos en tiempo de elaboración y aprobación de presupuestos, lo hacemos con una notable caída de recaudación y con gastos extraordinarios necesarios por los efectos de la pandemia.
  • Ciertamente contamos con una capacidad de gasto añadida por el acuerdo alcanzado con el Gobierno de España para permitir que las Diputaciones Forales dispongan de la misma capacidad de endeudamiento que los Gobiernos Autonómicos.

En estas circunstancias todo va a resultar muy difícil.

La llegada de recursos europeos no sabemos en cuanto nos afectará ni para qué proyectos, pero si sabemos porque así lo queremos, que todas las decisiones que podamos tomar deberán tener un claro perfil de rentabilidad social y solidaridad con quienes más lo necesitan.

Compañeros y compañeras por encima de las incertidumbres sanitarias, las diferencias políticas para tomar acuerdos institucionales.

Por encima de las tensiones económicas y sociales que la pandemia nos está creando, los socialistas estamos haciendo política con mayúsculas priorizando la salud, salvando vidas, protegiendo el derecho a la vida de toda la población, extendiendo el escudo social, la solidaridad con quien más la necesita.

Esto es socialismo en estado puro y como tal tiene y tendrá opositores y enemigos en el panorama público, así se entiende la intransigencia del Partido Popular, y así también se entiende la certificación de que los socialistas estamos en el buen camino.

Al tiempo que hacemos política en todas las instituciones con estas orientaciones, cuidaros mucho y ser ejemplo máximo de disciplina social, de cumplimiento estricto de todas las medidas sanitarias.

Como dice Pedro Sánchez, disciplina y resistencia.