Arratsalde on, buenas tardes.

Quiero empezar felicitando a Dolores, Irene, Ángela, Damiana y Elvira. Son cinco personas que por su edad –ya me gustaría poder alcanzar un día sus años con su ánimo y salud– han sido testigos privilegiados de la evolución del papel familiar, laboral, político y económico de la mujer durante el último siglo.

Estas cinco mujeres son ejemplo vivo de sacrificio y compromiso para sacar adelante a sus familias en tiempo difíciles –en algunos casos además estamos hablando de familias numerosas de hasta diez hijos e hijas– y trabajar al mismo tiempo en labores agrícolas y ganaderas.

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Dolores, Irene, Ángela, Damiana y Elvira han contribuido también de forma activa a que Iruña de Oca y los cinco pueblos que integran el municipio –Nanclares, Trespuentes, Villodas, Montevite y Olabarri– hayan conservado sus tradiciones, y sean lo que son. Por todo ello os damos las gracias, muchas gracias.

Me gustaría aprovechar la ocasión, coincidiendo con la celebración hoy 8 de marzo del Día de la Mujer, para tener un recuerdo especial hacia aquellas mujeres que en las primeras décadas del siglo XX lucharon sin descanso por la igualdad social y política de las mujeres en España.

Estoy hablando entre otras de las sufragistas que lideró Clara Campoamor y entre las que destacaron algunas mujeres vascas como la donostiarra Benita Asas Manterola, y de otras muchas que siguieron sus pasos.

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Su compromiso rindió frutos y España reconoció el derecho a voto de la mujer en 1931. Desde entonces, y pese al estancamiento y retroceso habido en los años negros del franquismo, los avances hacia la igualdad entre hombres y mujeres son innegables y, de hecho, podemos afirmar que la equiparación legal es ya desde hace tiempo algo incuestionable.

Otra cosa muy distinta, sin embargo, es la igualdad efectiva, es decir, lo que las mujeres viven diariamente en las familias, las empresas, las instituciones y la sociedad.

La consecución de la igualdad real es todavía un objetivo insatisfecho y basta con mirar el sexo de las personas que dirigen gobiernos y empresas –la presencia de féminas sigue siendo la excepción–; los sueldos de mujeres y hombre –la brecha salarial en Euskadi ha aumentado durante la crisis y se sitúa en el 25%–; o los tics machistas que perviven en hombres, y también mujeres, de las nuevas generaciones de jóvenes.

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La violencia machista es, sin duda, el síntoma más evidente de que la desigualdad y el machismo continúan estando muy presente en nuestra sociedad y que, en consecuencia, queda muchísimo trabajo por hacer. Violencia machista que protagonizan, además, tanto hombres de 50 0 60 años como jóvenes que ni siquiera alcanzan los 20 años de edad.

No estamos por tanto ante un problema generacional que se cura simplemente con el paso del tiempo. Necesitamos actuar en todos los ámbitos: social, policial, judicial y, sobre todo, educativo.

La educación es la principal herramienta para conseguir que una sociedad y sus ciudadanos sean más libres y constituye también el principal instrumento para erradicar el machismo y construir una sociedad cada vez más igualitaria y justa.

Instituciones y familias debemos ir de la mano para inculcar a niños y jóvenes los valores de la igualdad y el respeto.

Nada más. Muchas gracias al Ayuntamiento de Iruña de Oca y a su alcalde, Javier Martínez, por invitarme a este acto y reitero mi más sincera enhorabuena a las cinco mujeres a quienes hoy reconocemos y a quienes pediré en cuanto tenga oportunidad el secreto de su longevidad.

Gracias.