El pasado martes tuvimos la oportunidad de disfrutar de dos actos correlativos en los que contamos con la presencia de Cristina Narbona. Dos eventos diferenciados pero interrelacionados entre ellos. Por un lado, la Escuela de Formación Tomás y Valiente nos ofreció una conferencia sobre la transición ecológica como pilar fundamental para la lucha contra el cambio climático y, por otro, al concluir dicha charla celebramos la apertura del curso político socialista en Álava.

En este sentido, y centrándome primeramente en el coloquio, considero oportuno señalar –como moderadora del evento titulado Transición ecológica y cambio climático: los retos del siglo XXI– que en nuestra sociedad se va generando de forma progresiva la conciencia de que generar energía sucia sale muy caro en el precio y en sus consecuencias.

El modelo de bienestar contemporáneo exige que la forma de vivir moderna compatibilice el acceso a los medios y a la movilidad con la protección del medio ambiente, con la salud, con la seguridad.

En la actualidad convivimos con energías destructivas del planeta, con energías inseguras, con graves problemas en el tratamiento de residuos energéticos y con problemas de acceso por la ciudadanía a la energía.

Avanzar hacia un sistema de producción de energía limpia, democratizándola, haciendo que nadie se vea impedido a su acceso en ventajas para asegurar calidad de vida, es uno de los compromisos políticos del Gobierno de España.

En España sube la temperatura, también el nivel del mar, aumentan los riesgos de incendios, la falta de agua potable, las inundaciones, las sequías.

Las previsiones a futuro, si no se toman y ejecutan las medidas oportunas, sobre el resultado catastrófico de esta realidad, son de empeoramiento, evitarlo requiere actuar y hacerlo de manera contundente.

El Gobierno de España se lo ha tomado muy en serio. No es casualidad que entre sus ministerios se encuentre el de Transición Ecológica, con la ministra Teresa Ribera al frente.

Queremos más energías renovables, cambiar las zonas secas por zonas con flora y fauna.

Queremos cuidar los bosques, reducir el consumo de agua y de energía.

Queremos hacer más con menos y vivir mejor avenidos con la naturaleza.

Queremos que la ciencia y la tecnología esté al servicio del interés general y no del interés privado, porque compartimos la idea de que vivimos en un planeta muy vulnerable, muy manipulable, donde hay suficiente para las necesidades humanas pero no para su avaricia.

De esto fue el acto con dos invitados que se han ido ganado su prestigio por su trabajo incansable en estos objetivos.

Por un lado, tuvimos la suerte de contar Antxon Olabe, eibarres, este dato siempre hay que destacar, porque Eibar es mucho Eibar. Antxon es actualmente Asesor sobre Clima y Energía en el Gabinete de la ministra para la Transición Ecológica.

Tiene un amplio historial de trabajo en este campo y cabe destacar que durante 16 años ha sido asesor de Medio Ambiente en cuatro Departamentos del Gobierno Vasco.

Autor de muchos ensayos sobre Cambio Climático y también del libro Crisis Climática-Ambiental, publicado en 2016. Un libro en el que habla de cuál debe ser la relación humana con el planeta, de cómo estamos ante un proceso de desestabilización, y en el que avanza reflexiones y propuestas para que adquiramos compromiso y responsabilidad ante esta crisis y para su reversión.

Por otro lado, Cristina Narbona no es de Eibar porque nació en Madrid, pero perfectamente pudiera ser alavesa por lo mucho que nos ha ayudado a los socialistas a terminar con la pesadilla de la Central Nuclear de Santa María de Garoña.

Ha sido ministra de Medio Ambiente en el Gobierno que presidió José Luis Rodríguez Zapatero, y también como Secretaria de Estado en el de Felipe González.

Forma parte de la Red Española de Desarrollo Sostenible.

Defensora del final de la energía nuclear, en su libro La energía después de Fukushima, opta por la viabilidad de un mundo sin esa energía.

Cristina, porque se lo ha ganado, goza de un envidiable predicamento, respeto y afecto en el mundo de la conciencia y la vanguardia ecológica.

De Cristina es de justicia destacar su coraje para enfrentarse a los poderosos que hacen negocios peligrosos con la energía del pasado y buena parte del presente; y su disposición a colaborar con la Escuela de Formación Tomás y Valiente y con todo lo que le hemos pedido siempre.

Por todo ello, tengo que agradecerles públicamente a ambos su disposición de acudir a Vitoria-Gasteiz para compartir con nosotros su experiencia y propuestas de futuro.

Dicho todo lo cual, ahora me centrare en el acto que tuvo lugar a continuación. Un acto en el que quise remarcar que el socialismo recupera pulso, influye, decide, lidera, suma, resuelve.

El PSOE vuelve a abrir agenda política cada día, como así viene ocurriendo en los 100 días de gobierno.

Donde la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, es una de las protagonistas de este tiempo mejor para la mayoría de la ciudadanía, que la contaminación acústica y visual de las derechas políticas y mediáticas quiere tapar, y que nosotros y nosotras no vamos a permitir.

En este sentido expondré dos reflexiones sobre Euskadi y Álava que puse sobre la mesa.

Los socialistas vascos hemos hecho una apuesta decidida para que la convivencia y las capacidades del autogobierno, sean para la ciudadanía las auténticas señas de identidad.

Que ser vasco suponga vivir en tolerancia, respeto, diversidad, y que las instituciones, el Gobierno, las Diputaciones, los Ayuntamientos, practicando sus competencias ayuden a mantener y mejorar el nivel de vida de las personas.

Es evidente que no todos estamos en lo mismo.

Los nacionalistas, con ritmos y letras tan diversos como parecidos, buscan exagerar la reivindicación, apuntan tensión, y creen que se dan las circunstancias para subirse a la ola del independentismo burgués y a veces gamberro, que una parte de una difusa y confusa izquierda acompaña.

Los nacionalistas creen haber cogido una ola que les pueda subir alto, se obstinan en no aceptar que muy cerca hay línea de playa, se resisten a bajar de esa ola y juegan frente a la realidad constitucional, sin importarles el coste para la ciudadanía.

Esta irresponsabilidad también ha rebrotado en Euskadi, en la Autonomía con el mayor nivel competencial que se conoce, con Hacienda propia y con capacidad para gastar casi todos los impuestos que generamos y algunos más.

Si con estas capacidades los nacionalistas se empeñan, solo corremos el riesgo de ir a peor, como a peor ha ido la ciudadanía en Cataluña en términos económicos, sociales y de convivencia, porque la realidad de nuestros medios, de nuestro autogobierno, es que se puede perfeccionar, pero difícilmente rebasar porque estamos en el tope máximo.

Y nuestro compromiso es evitarlo, y también avanzar en la atención a la ciudadanía.

Hasta la fecha mientras el PNV juega a todo y con todos, amaga y avanza, frena y relaja con las pretensiones independentistas, la mayoría de la ciudadanía que es sensata, sabe y disfruta de nuestro autogobierno, debe ser consciente del valor que tiene el socialismo vasco para liderar que la ensoñación soberanista no vuelva a tensionar como hicieron con el Plan Ibarretxe o se está haciendo con el procés. Y para que la mejora y modernización del Estatuto, las relaciones con España y Europa sean mejores.

Los socialistas vascos estamos empeñados en ser una garantía, una referencia clara y firme para que Euskadi siga siendo un lugar de convivencia y progreso, de pluralidad y bienestar, para que no solo la izquierda, también el conjunto de progresistas, también los nacionalistas moderados, sepan que frente a sus excesos, hay y habrá alternativa política y de Gobierno.

En Álava nos acercamos a la renovación democrática de sus instituciones, en unos meses celebraremos las elecciones municipales y forales y con la apertura de este curso político todos nuestros esfuerzos deberán orientarse a conseguir los mejores resultados.

Álava tiene medios y condiciones para ser un Territorio abierto al mundo. Podemos y debemos crecer más y para eso necesitamos abrirnos más. Al nacionalismo le gusta viajar pero no quiere que le visiten demasiado, les incomoda porque consideran que lo de fuera les resta identidad, les iguala con el concepto de ciudadanía, y frena el interés independentista.

Quizás por eso muchas acciones institucionales frenan, entorpecen y entristecen iniciativas importantes.

No nos gusta la Álava y la Euskadi pequeña, reducida, con aroma a secta y con costumbres obligadas.

El Territorio Histórico de Álava merece sustituir tristeza de algunos de sus dirigentes por alegría, mirada al horizonte, frente a cabeza orientada al suelo.

Queremos estar siempre en la mejor división, en la que abre puertas, genera alegría, ilusión, atractivo, en la que genera oportunidades para crecer en igualdad. Ahí está nuestro trabajo de estos años, nuestra motivación. En esto estamos aquí y también en España, y por ello mismo apremio a todos los progresistas a que nos acompañen en este camino.