Quería, en primer lugar, agradecer a las Juventudes Socialistas de Euskadi y de Álava que hoy se hayan acercado hasta nuestra sede y hasta nuestra ciudad para celebrar estas jornadas de formación.

Me han invitado a que abra este curso y os dedique unas palabras. Y para mí, personalmente, es todo un orgullo poder hacerlo en esta nueva etapa que se abre dentro de nuestra organización.

La idea que me han hecho llegar para introduciros en estas jornadas ha sido que exponga mí opinión sobre la comunicación y sobre cómo comunicar.

Y lo primero que he considerado oportuno deciros, y que creo importante que retengáis, es que la comunicación es sinónimo de libertad. Pero no únicamente de libertad para opinar.

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La comunicación va mucho más allá. Comunicar es sinónimo de la libertad que cada uno asume para decir lo que siente; es sinónimo de la libertad individual que tenemos cada uno de nosotros para articular en un discurso nuestras creencias; y, de igual forma, es sinónimo de la libertad que debemos ejercer cada uno de nosotros para defender dichas creencias de manera consecuente.

Quien quiere comunicar tiene que demostrar que lo que cuenta, lo hace suyo, lo practica, que es libre para defenderlo hasta conseguirlo.

En la comunicación política muchas veces fallamos, entre lo que teorizamos y contamos y entre lo que arriesgamos para conseguirlo y administrarlo.

Prometer a día de hoy el pleno empleo pudiera ser un ejemplo de mala comunicación, porque nadie creería que es posible. Sin embargo, sí resulta creíble hablar de objetivos concretos de empleo, cuantificados y localizados.

Dicho de otra forma, para los socialistas la comunicación debe ir asociada a la credibilidad. Esto es lo que quiero que no olvidéis nunca.

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Evidentemente estoy hablando de la comunicación política, que no es igual que la deportiva, que la referida al ocio y la publicidad o de la comunicación referida a otras actividades de la sociedad.

La comunicación política tiene que estar cargada de razón; tiene que disponer de viabilidad, tiene que crear fiabilidad y tiene que tener balance.

Por ejemplo, no fue una buena estrategia de comunicación decir que la modificación del artículo 135 de la Constitución iba a ser bueno para nuestro País, si cuatro años después de ese cambio la mayoría de ciudadanos y ciudadanas estamos peor.

La comunicación política no debe estar sometida a la pura y dura propaganda. Mucho menos al oportunismo.

El oportunismo en la comunicación lleva al populismo, el populismo a veces es una eventual y eficaz forma de comunicar propaganda. Sin embargo, a medio plazo solo es un procedimiento para romper formas de convivencia, para fomentar extremismos o para generar más frustración entre la ciudadanía.

Para comunicar bien hay que pensar mejor. Para comunicar bien hay que dedicar tiempo a pensar.

Se comunica bien cuando se tienen las cosas claras. Se comunica bien cuando se nota que se piensa y que se siente.

Lo que no se siente solo se puede comunicar sin sentimiento. Donde no hay sentimiento no hay credibilidad.

Recordar la campaña electoral del Partido Popular en las últimas elecciones generales.

Recordar su promesa de creación de 3,5 millones de puestos de trabajo.

Para comunicar, para sentir, para pensar, hay que saber escuchar. Para lograrlo las personas estamos muy bien dotadas. En esto tampoco hay diferencia entre sexos

Lo que quiero decir es que debemos escuchar el doble de lo que debamos hablar.

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Los que hablan por plasma, no escuchan, no quieren escuchar. Su carácter no les permite escuchar lo que dicen los “otros”.

Solo escuchando se puede tener proximidad y sensibilidad por los problemas, solo así se puede conocer la dimensión de los problemas y, sólo así, se pueden comunicar bien las alternativas y las soluciones políticas.

No comunica más el que mejor habla, sino el que mejor escucha.

La comunicación es un sistema de influencia, bien lo sabe la derecha; y bien lo padecemos la izquierda.

Que los principales sistemas de comunicación, que los más influyentes, que los más incisivos y masivos, estén en manos de los poderosos, de quienes tienen los mayores recursos económicos, es un dato relevante de la importancia de la comunicación.

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Pondré el ejemplo de la gripe A. No sé si recordareis cómo las industrias farmacéuticas lograron atemorizar a la población con el riesgo de su extensión masiva. No sé si recordareis cómo los gobiernos, ante la alarma general que se implantó, corrieron a llenar almacenes inmensos de jabones desinfectantes, mascarillas y vacunas que nunca se utilizaron.

La comunicación es una ventana de oportunidades que se puede utilizar con propósitos sociales o con propósitos antisociales.

El Alcalde de Vitoria-Gasteiz es un buen comunicador y propagador del racismo y la xenofobia. De la comunicación antisocial.

La comunicación es un sistema de influencia.

Hoy, cuando existen diversos métodos de comunicación alternativos a los clásicos, como son las redes sociales e Internet, podemos experimentar a escalas diferentes, como la comunicación es un sistema de influencia.

En política lo que no se comunica no existe.

En política, si tú no comunicas otros lo harán por ti.

Lo estamos viendo todos los días en las radios y las televisiones privadas.

Estamos viendo como aprovechando la actual coyuntura política, las radios y las televisiones vienen sustituyendo a los protagonistas y a los representantes públicos por tertulianos, analistas y productos televisivos ajenos al suceso, por personas que llegan a cambiar el mapa político en un periodo muy corto de tiempo.

Para que en el futuro haya un sistema democrático mejor, no solo se necesitará un sistema más equitativo de distribución de recursos económicos, también será necesario un sistema diferente de garantías de comunicación más plural.

La comunicación aséptica, independiente, cándida, no existe, ni hace falta. Precisamente, en ello reside la libertad.

Lo que sí se necesita es una mayor presencia socialista en los medios de comunicación, asignatura pendiente que arrastramos desde el origen de la democracia y que algún día tendremos que ponernos a construir.

La comunicación es claridad, sencillez y brevedad.

Entre dos posibles explicaciones todos elegimos la más clara. Por tanto desechar el “método Cospedal”.

Entre dos formas de comunicar, elegir la más sencilla, la más cercana. Por lo tanto desechar el “método Rajoy”.

Entre dos maneras de expresarse, elegir la más breve, la más concisa. Por lo tanto desechar el “método Revilla”.

Y nunca olvidéis que en política comunicar es un acto de enorme responsabilidad. Porque nos compromete personalmente y a quienes estáis representando, también a lo que representas. Precisamente por ello, la mejor improvisación en cualquier foro o tribuna es también aquella que previamente ha sido ya prevista.

Con esto concluyo mi intervención. Pero quiero, nuevamente, agradeceros la oportunidad que me habéis brindado y os deseo que disfrutéis de unas buenas jornadas. Nada más, muchas gracias.

 

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